Un lesionado Nadal cae frente a un gran Shapovalov en los octavos de Roma

Un lesionado Nadal cae frente a un gran Shapovalov en los octavos de Roma

Nuestro Rafael Nadal Parera, pues es un poquito de todos, se ha convertido en el ‘abuelo’ del circuito y por desgracia acumula achaques por doquier.

Él, que apenas ayer irrumpía en el planeta tenis con aquella camiseta sin mangas y un espíritu indomable que aún mantiene, busca ahora afinar la puesta a punto para poder volver a reinar en París. Allí le espera, quien sabe, su Roland Garros número 14. Un paraíso que, a 13 de mayo, se antoja misión poco posible. Ayer perdió (6-1, 5-7 2-6), y lo que es peor, jugó medio cojo el tercer set. Mala pinta.

En ese proceso de salida del taller, Nadal se enfrenta cada día a un examen de máxima exigencia, pues cada rival que se coloca al otro lado de la red ofrece el 130% para superar a la leyenda de los 21 Grand Slams, que anda todavía renqueante tras su última lesión de costillas.

El duro relato de Nadal tras caer en Roma

Su rival ayer Denis Shapovalov (23 años), un miembro más de esa Next Gen que intenta y no consigue derrocar al eterno trío Rafa-Novak-Roger. Shapovalov, padre ruso, madre ucraniana, nacido en Israel y nacionalizado canadiense, tiene todavía que tomar una decisión: si quiere ser tenista o prefiere ser Kyrgios, pues su cabeza todavía no anda muy amueblada y suma casi por igual buenos partidos con incidentes para olvidar.

Ayer tocó lo primero, pues el chico jugó un gran partido de menos a más, para terminar llevándoselo en tres mangas. Eso sí, los problemas físicos de Nadal también tuvieron mucho que ver. ¿Cuánto? Bastante.

La primera manga fue monólogo. Rafa salió con la directa, tirando diagonales a diestra y siniestra ante un rival que apenas podía mirar la bola sin oponer resistencia. El parcial voló en media hora al marcador (6-1).

La historia cambió a partir de entonces y mientras el tenista español mantenía su nivel, el canadiense elevaba sus prestaciones y liberaba su brazo. El partido se equilibró y llegó hasta el momento decisivo, un 5-5 en el que Shapovalov mantuvo la sangre fría y Nadal comenzó a torcer el gesto y cojear ostensiblemente.

El partido ya no cambió la dinámica en el tercer set y la cuesta abajo de Rafa fue más pronunciada: ver su rostro desolado y de lamento en cada apoyo de sus pies fue una tortura para el aficionado, y todo el cariño que le dedicó la afición romana no ayudaron a remediar un destino inevitable. Shapovalov solo tuvo que remar con el viento a favor para llevarse el partido y meterse en cuartos ante un rival que no quiso abandonar la cancha hasta que el marcador cerró el partido. Puede que esta vez ya no le quede París.

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