Los conservadores bávaros mantienen su espada de Damocles migratoria sobre Merkel

The co-chair of the parliamentary group of the right-wing AfD party Alexander Gauland (R) and AfD party co-leader Joerg Meuthen during the first day of the AfD convention in Augsburg, Germany, 30 June 2018. The Alternative for Germany (AfD) party meets in the bavarian city Augsburg for a two-day congress. (Alemania) EFE

Berlín, 30 jun (EFE).- Los socios bávaros de Angela Merkel mantuvieron hoy en alto la espada de Damocles sobre el Gobierno alemán, sin desvelar si consideran suficiente los acuerdos sobre migración alcanzados por la canciller en Bruselas o insisten en cerrar fronteras, lo que podría romper la coalición.

La Unión Socialcristiana (CSU), que reúne mañana a su cúpula para tomar una decisión, manda mensajes ambiguos sobre la declaración conjunta de los 28, que apuesta por atajar la migración secundaria, los flujos de refugiados dentro del bloque, la principal reivindicación bávara y en la que se empleó a fondo Merkel para sofocar la rebelión en casa.

Por su parte, la canciller comunicó en un documento de ocho páginas a sus socios en la gran coalición, la CSU y el Partido Socialdemócrata (SPD), que en la cumbre europea logró el compromiso de 14 socios comunitarios para acelerar la devolución de migrantes de Alemania a esos países.

Se trata de hacer efectivo el Acuerdo de Dublín, que prevé que sea el país europeo por el que un migrante accede a la zona Schengen el que gestione su petición de asilo, y evitar que muchos sigan avanzando hacia el norte, ya sea porque su primera solicitud no ha sido aceptada o porque buscan unas condiciones mejores, como las que ofrece Alemania.

Contra estos flujos se alzó la CSU y en particular su presidente, el ministro alemán de Interior, Horst Seehofer, que llegó a amenazar a la canciller con cerrar las fronteras a la migración secundaria si no alcanzaba una solución europea en esta cumbre.

El propio Seehofer no se ha pronunciado con respecto a los acuerdos, pero el jefe de Gobierno del estado de Baviera, el también conservador Markus Söder, aseguró en un acto de partido en Heroldsbach que mucha gente no entiende cómo Berlín se resiste a subir las pensiones para cuadrar el presupuesto y luego es capaz de destinar «miles de millones» a los «recién llegados».

«Estoy por ayudar a la gente. Pero hay que encontrar un equilibrio», afirmó Söder, que criticó que muchos políticos y medios hayan perdido el contacto con la calle y subrayó que Baviera, por ser el mayor contribuyente neto de la financiación regional, tiene «derecho a codecidir» lo que sucede en toda Alemania.

Su voz se suma a otras que se han alzado en la CSU en las últimas horas, como la del europarlamentario Manfred Weber, vicepresidente de la CSU, que tildó en declaraciones al diario «Münchner Merkur» de «gran paso» el acuerdo de la cumbre europea, en el que ve «muchas» de las exigencias de su partido a Merkel.

La decisión de la CSU, no obstante, no se hará pública hasta mañana por la tarde, cuando tras una reunión de la cúpula, Seehofer convocará a los medios.

La revuelta se podría cerrar si los conservadores bávaros aceptan lo acordado en Bruselas -aunque se den un plazo para ver su implementación sobre el terreno-, con lo que Merkel salvaría una de las peores crisis en sus doce años al frente del Gobierno alemán.

Pero si la CSU considera insuficiente la declaración europea y ejecuta su amenaza de cerrar las fronteras, la canciller se podría ver abocada a cesar a Seehofer por desobediencia, lo que podría provocar la salida de los bávaros del Gobierno alemán y la ruptura de su alianza de décadas con los conservadores de Merkel, la Unión Cristianodemócrata (CDU).

Varios medios alemanes han barajado incluso la posibilidad de que Seehofer presente su dimisión, después de que trascendiese que ha cancelado los principales actos que tenía la próxima semana.

De fondo subyacen las necesidades electorales de la CSU de cara a las regionales de octubre en Baviera, donde el partido, al ver erosionarse su amplia base social por la irrupción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) con un discurso antiinmigración, ha virado su curso hacia la derecha.

El líder de AfD, Alexander Gauland, ha pedido a Seehofer un «último servicio» a Alemania, que deje caer a Merkel. El SPD, por su parte, ha valorado la dirección del acuerdo, mientras La Izquierda y Los Verdes han criticado la decisión.

Un encuesta de la casa Forsa publicada hoy apuntaba que un 66 % de los alemanes está a favor de una «solución europea», frente al 32 % que ve preferible una «respuesta unilateral» a la cuestión de la migración secundaria.

Juan Palop