El «machismo» impidió a las mujeres llegar al secretariado de las FARC

El periodista colombiano Fernando Millán Cruz habla durante una entrevista con Efe este 15 de marzo de 2019, en Bogotá (Colombia). EFE

Bogotá, 17 mar (EFE).- Casi un tercio de los miembros de las FARC fueron mujeres, aunque ninguna llegó a formar parte del secretariado de la organización, el centro de decisión política y militar de la antigua guerrilla colombiana, hecho que el periodista Fernando Millán Cruz atribuye al «machismo» imperante.

En su libro «Con ojos de mujer. Relatos en medio de la guerra» (Ediciones B), Millán cuenta la historia de las FARC a través de nueve testimonios de exguerrilleras, tanto de origen rural como urbano y con distintos cargos de responsabilidad en las FARC.

«Ninguna formó parte del secretariado por el machismo», dice Millán en una entrevista con Efe, en la que destaca especialmente a las exguerrilleras Olga Marín y Victoria Sandino por lograr que «el tema de género se incorporase en la negociación» de paz.

Entre los testimonios que recoge está además el de Sandra Ramírez, actual senadora del partido FARC y expareja sentimental de Manuel Marulanda, uno de los fundadores de la guerrilla; o el de Carolina García, que viajó desde Bruselas para unirse al grupo armado.

El común denominador de las nueve historias que relata en su libro son las vivencias del conflicto y en los campamentos clandestinos, precisa Millán al tiempo que refuta que en su trabajo proyecte una imagen idealizada o que blanquee a las FARC.

Para este periodista colombiano, las FARC fueron machistas.

«Al comienzo las mujeres estaban en la organización básicamente para lavar la ropa y atender a sus maridos, sus parejas, y con el tiempo se tuvo que ir ajustando a otras condiciones a medida que se iban incorporando mujeres de la ciudad, con formación política, que exigieron que no podían seguir esa condición, que ya no llegaban a la guerrilla para lavarle la ropa a otros», agrega.

El origen del libro se remonta a la Décima conferencia guerrillera de las FARC, que tuvo lugar en septiembre de 2016 en los llanos del Yarí, en el sur del país, donde la guerrilla abordó cómo sería su tránsito a la legalidad y a la actividad política. Fue allí donde Millán conoció a varias de las guerrilleras cuyos testimonios plasma en el libro.

«En Colombia han contado la historia desde una sola orilla, y cuando han intentado contarla de la otra, la han contado los hombres. Y en ninguno de los lados han estado las mujeres», relata.

En el libro se aborda el machismo y la relación entre hombres y mujeres de la guerrilla, aunque los casos de abusos sexuales en las filas de las FARC solo se mencionan de forma velada.

«Sí, les pregunté sobre la violencia sexual, inclusive a Olga Marín, a todas les pregunté lo mismo. Marín respondió que jamás les pasó eso, mientras que otras dijeron: ‘¿usted cree que yo con un fusil, una pistola o un puñal me voy a dejar violar?'».

Algunas de las excombatientes que denuncian que fueron víctimas de violencia sexual integran la Corporación Rosa Blanca. «Es un tema que todo el mundo conoce. Yo creí que no venía al caso, o sea, ha sido un tema muy tratado en los medios e intentaba mostrar otras historias», contesta al ser preguntado por ese grupo.

Si bien el acuerdo final de paz entre el Gobierno y las FARC incorpora un claro enfoque de género, muchas de las excombatientes fueron reticentes en un inicio a abrazar el feminismo.

«No soy partidaria del feminismo que lucha y lo hace con una constancia inclaudicable para llegar a la conclusión de que el problema de la sociedad es el hombre y no la lucha de clases», dice Paula Sáenz, una de las exguerrilleras entrevistadas.

El periodista atribuye este rechazo inicial a los «prejuicios» que tenían sobre el feminismo: «Finalmente lo que termina ocurriendo es que, tanto a Victoria Sandino como a Olga Marín, les toca aterrizar el concepto» para lo que ellas mismas definen como «teoría feminista fariana»: «profundamente de clase, antipatriarcal, emancipador, impulsor de la igualdad de oportunidades», en palabras de Marín.

El grado de incorporación a la vida civil de estas mujeres, con muchas de las cuales Millán mantiene contacto, varía según los casos. «Quien no ha vivido la guerra fácilmente puede opinar, pero la guerra ha sido deplorable para Colombia», considera sobre la reincorporación.

Con la Justicia Especial para la Paz (JEP) cuestionada por el Gobierno colombiano, el periodista es pesimista sobre el futuro: «La verdad se vuelve aterradora para quien no quiere que se sepa. Estamos jugando con candela, al borde de un abismo al que podemos volver a caer».

Santiago José Sánchez